LARA GARLITO: Una piedra

En el día a día son muchos los memes o imágenes electrónicas que a través de Internet recibimos, la mayoría, muy simpáticas y sin ningún tipo de trascendencia, muy simples, quizá ese sea precisamente el secreto de su éxito comunicativo, pero eso nos derivaría a otro debate al que no pretendo conducir; el asunto que nos ocupa es que el martes vi y leí una de ellas en la red social Twitter, se ilustraba con una fotografía de una piedra y decía: esto es una piedra, verás como hay alguien que no está de acuerdo. Reconozco que me reí. Supongo que estaba cargada de ironía debido a los hilos y contestaciones que se producen en las redes sociales ante cualquier tipo de afirmación, sea la que sea; lo cierto es que no hay nada más sano y más demócrata que mostrar el desacuerdo o la divergencia con absoluta libertad, y sí, soy una firme convencida de que la libertad de expresión es eso, libre y no puede responder a ninguna cortapisa justificable, no es menos cierto que el odio y la mentira que se vierten en muchas ocasiones producen una mella tan profunda difícilmente soportable en esa misma concepción de una sociedad democrática.

Os decía hace un segundo que no iba a entrar en el debate sobre el éxito comunicativo que conseguían estos memes o imágenes electrónicas pero es imposible que no lo haga, aunque sea de forma superficial, porque al igual que unas mellas en una piedra consiguieron descifrar lenguas desconocidas hasta el momento, y por consiguiente avanzar, progresar y evolucionar en nuestra historia, esta pequeña imagen, esta piedra, me hizo reflexionar sobre si alrededor de simplezas y hartazgo de tanto ‘ñiñiñi’ ante cualquier cosa se estaba produciendo lo contrario, se estaba imponiendo en las sociedades más avanzadas una auténtica regresión: en derechos, en ideas, la proliferación de sentimientos conservadores olvidados, en… tantas cosas…

¿Alguien podría imaginar que en el corazón de Europa volveríamos a vivir una guerra como describió J. Borrell esta semana de «sangre y fuego»? ¿Que viviríamos este combate militar e ideológico de una autocracia frente a un país democrático que aspira a un proyecto común libre? ¿Que las justificaciones de una invasión fueran sobre sentimientos de pertenencia histórica a un imperio? Pero es que voy más allá, ¿se puede acaso justificar una invasión a un país? ¿hoy?

Y dirijo mi mirada hacia Estado Unidos, ¿alguien podría imaginar que tras casi 50 años se pusiera en cuestión el derecho al aborto? O lo que es peor, ¿invalidar lo ya consolidado bajo sentencia judicial en 1973? Pues está sucediendo.

Nunca hay nada por supuesto, y la historia nunca deja de darnos lecciones de ello. Lo más valioso, también, hay miles y miles y miles de personas dispuestas no solo a consolidar todo lo andado por quienes nos precedieron, sino a hacer de su día a día pequeñas mellas en la historia, en la de todos, y con ellas evolucionar, progresar, prosperar. Yo me quedo con ellas, no nos perdamos en simplezas, es todo mucho más complejo. A partir de pequeñas hendiduras en arcilla hoy os escribo desde una tableta electrónica.

*Filóloga y diputada regional del PSOE

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