Blanca Martín: La construcción de una Utopía

Tomás Moro hablaba de la utopía como un espacio paradisíaco, inexistente, irreal, una especie de deber ser al que llegar, al menos, de forma ideal. Sin embargo, Gabriel García Márquez, creía que aún no era tarde para construir una utopía y compartirla en la tierra.

En Extremadura, puestos a trazar analogías, la utopía es imaginar lo que parece imposible y crear las condiciones para conseguirlo. Para ello, no hay nada más solvente que un diagnóstico acertado de la propia realidad y del contexto, una hoja de ruta que plantee, paso a paso, el camino que debemos seguir para llegar a los objetivos trazados por un proyecto colectivo.

En Extremadura, puestos a trazar analogías, la utopía es imaginar lo que parece imposible y crear las condiciones para conseguirlo.

Nuestros objetivos, reto a reto, han sido siempre islas, en teoría, inalcanzables. Pero sí, contradecir los augurios pesimistas se convirtió en nuestro dogma y esas islas comenzaron a ser alcanzables. No sólo que no es nostalgia, sino que es obligatorio recordar, para no perder nunca nuestra memoria colectiva y nuestra conciencia histórica que, hasta hace 39 años, Extremadura era una región en la que los señores del centralismo venían de montería y a mirarnos por encima del hombro. Dijimos basta.

Sí. Hace cuatro décadas era una utopía irrealizable, escapar de los tentáculos de una España endogámica que se miraba al ombligo de su única referencia, Madrid y las administraciones que, desde allí, marcaban el destino de los pueblos sin respetar identidades ni las riquezas que, aporte a aporte, acabaron por edificar un país plural, moderno y protagonista de realidades transnacionales como la Unión Europea y la OTAN.

Hace cuatro décadas era una utopía irrealizable, escapar de los tentáculos de una España endogámica que se miraba al ombligo de su única referencia, Madrid.

El 25 de febrero de 1983 fue aprobado por las Cortes Generales el Estatuto de Autonomía de Extremadura, de acuerdo con la Ley Orgánica 1/1983.​ Y de ese modelo estatutario, nació una nueva tierra, coherente con sus valores tradicionales pero dispuesta a romper techos de cristal como región, como sociedad y como género.

Avanzar fue nuestra consigna como pueblo. Avanzar es nuestra consigna como pueblo. Tercamente, con la solidez de nuestra experiencia, con el protagonismo de la generación que nació hace 40 años y con la generación que, con las herramientas que tenemos, se comerá el mundo. Porque de nada sirve hablar de un Estatuto de Autonomía, si no somos capaces de reconocernos en el progreso que estamos en condiciones de volver protagonizar.

Hemos conmemorado, con más optimismo que nunca, el 39º aniversario del Estatuto de Autonomía de Extremadura. Es imprescindible enfatizar que ningún marco en el que desarrollarse con libertad, individual o colectiva, puede entenderse sin una mecánica legislativa en la que reconocerse, potenciarse y avanzar. Extremadura, hace 40 años, era una utopía que debíamos convertir en realidad refundando casi todo porque todo estaba por hacer.

Avanzar es nuestra consigna como pueblo. Tercamente, con la solidez de nuestra experiencia, con el protagonismo de la generación que nació hace 40 años y con la generación que, con las herramientas que tenemos, se comerá el mundo.

Desde el principio mismo, desde el primer ladrillo que pusimos a este edificio del que hoy disfrutamos y que se llama libertad, tuvimos claro lo que éramos y lo que somos, nuestro espíritu de construcción de estados superiores como el español, dentro del amor y del respeto por lo nuestro, con una marcada ambición de aporte diferencial que multiplicara las fortalezas de España. Entendimos, desde siempre, que un país fuerte necesita una Extremadura fuerte.

Por ello, nos reconocemos frente a un espejo vertebrador que proyecta una idea regional basada en la comunión, esfuerzo y trabajo mancomunados de las dos provincias. Ningún futuro es posible si el desarrollo no es equitativo porque el respeto a Extremadura implica igualdad entre provincias, igualdad entre ciudadanos y ciudadanas cohesionados y vertebrados por el desarrollo sostenible de nuestra tierra.

Es evidente que nuestro compromiso con el futuro partía, hace 39 años, de un lógico e incuestionable diagnóstico de situación en la que partíamos con absoluta desventaja con respecto al resto de las regiones, nacionales y continentales. Una desventaja provocada por el olvido sistemático de un centralismo miope y sectario. Reconocernos en todas las variantes territoriales, aunando lo rural y lo urbano, barrio a barrio, pueblo a pueblo, mujer a mujer, hombre a hombre, fue uno de los grandes logros de aquella utopía construida por una generación brillante y decidida.

Partíamos con absoluta desventaja con respecto al resto de las regiones, nacionales y continentales. Una desventaja provocada por el olvido sistemático de un centralismo miope y sectario.

También supimos, como sabemos ahora, que nuestra inclusión en el concierto europeo, como región con rasgos diferenciales y reivindicaciones claras, era y es esencial para construir Extremadura. La lealtad a una idea de unión en las diferencias, nos permite hoy, salir de una pandemia, con un marcado proyecto, firme y renovado, de región. Una región, nuestra Extremadura, leal a España y leal a Europa y convencida de sus posibilidades, con alas para volar hacia nuestro propio destino.

Después de décadas construyendo región, país y continente, vamos a protagonizar otro avance sin parangón. Empleo, tecnología, sostenibilidad e infraestructuras, serán el común denominador de una Extremadura que crece sin complejos, que ha dejado de lamentarse y que proyecta una nueva utopía, una nueva realidad. Y todo ello marcado por un manual de libertad y progreso, producto del acuerdo, llamado Estatuto de Autonomía.

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