Lara Garlito: Lluvia

Llovía ayer y cada gota nos colmaba de alegría; es verdad que el frío o la lluvia a veces no nos agrada desde el punto de vista más cómodo e incluso me atrevería a afirmar que frívolo; me gusta mucho en este sentido la expresión de algunas y algunos «el agua enreda mucho», pero no es más cierto, más profundo y más certero que el agua nos hace falta para vivir, nos hace falta para limpiarnos y para sustentarnos. El agua lo es todo, hasta el punto de nuestra propia composición, sin embargo no es por ahí por donde quisiese desviar el asunto. Somos agua, por muy cursi que resulte esto.

Necesitamos del agua, necesitamos que llueva, hasta que eso suceda, y deseamos que suceda ya, permítanme otra expresión de un abuelo «pues a ver quien lo sube lo cambia» con muchísima ironía con más razón que un santo, aún, por mucho que hayamos avanzado desde entonces, hace muchos muchos años, el tiempo aún no se puede controlar, en cambio, nuestras acciones y la voluntad de un gobierno, sí. En la Mesa de la Sequía que hoy se celebra la Junta de Extremadura pedirá, entre otras medidas, ayudas directas, a fondo perdido, que puede conceder el Gobierno a agricultores y ganaderos afectados por no poder regar y sembrar cultivos o tener pastos para el ganado o exenciones fiscales para esta campaña, para que no se tenga que pagar o reducir al máximo el pago del canon de regulación y de la tarifa de utilización de agua que pagan los regantes a la Confederación del Guadiana, así como que los profesionales del campo estén exentos del pago del IBI rústico.

Pero hay otras lluvias que nos preocupan, ojalá fuesen y me refiriese de esa que habla Cortázar cuando dice «vos no elegís la lluvia que te va a calar hasta los huesos cuando salís de un concierto». Si él se refería al aspecto más hermoso del ser humano, del que merece disfrutar y sentir, ahora asistimos a la parte más tenebrosa, más oscura, y cruel de la que somos capaces de asistir. Hablo de la guerra, hablo de la invasión rusa a Ucrania, hablo del ataque frontal a la Carta de las Naciones Unidas, al derecho internacional, a todos y cada uno de nuestros principios y valores como demócratas europeos, hablo de la ambición desmesurada y ciega que aniquila la vida y la libertad. Como afirmaba el ex secretario general de la OTAN y presidente del Centro de Economía Global y Geopolítica, Javier Solana, en una entrevista «es una guerra disparatada» e «inentendible en pleno Siglo XXI».

Y frente a ella la contundencia de las acciones, y también de quienes creemos en la palabra, en ellas, no podemos caer en ambigüedades ni equidistancias, como afirmaba J. Borrell esta misma semana: «Nadie puede poner en el mismo nivel de igualdad al agredido y al agresor. Y nos acordaremos de aquellos que en este momento solemne no estén de nuestro lado».

«Las fuerzas del mal, las fuerzas que pugnan por seguir utilizando la violencia física como una forma de resolver los conflictos, siguen vivos y frente a ellos tenemos que demostrar una capacidad de acción mucho más poderosa, mucho más consistente y mucho más unida que la que hemos sido capaces de hacer hasta ahora».

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