Miguel Á. Morales: La guerra del cinismo

La invasión de Vladimir Putin a Ucrania pone de manifiesto que todos los avances en materia de convivencia y respeto entre naciones, si no se defiende y solidifica con algo más que declaraciones y gestos, pende de un hilo.

Y ese hilo es muy sencillo de cortar por un autócrata como el ruso. Un totalitario educado en ambientes de obediencia y pragmatismo para torcer cualquier voluntad que ose contradecirlo. Una estructura soviética de pensamiento pero fascista en su práctica.

Nuestras democracias, tan bien intencionadas en el discurso y débiles en la confrontación de poder contra un hombre que solo entiende de fuerza, no vieron venir el golpe al continente y su unidad, que lanzó quien sueña con ser Iván El Terrible del siglo XXI.

En este juego geopolítico de trileros, las fronteras son una excusa para establecer zonas de inestabilidad a lo largo y ancho del Planeta. Podemos estar seguros que Ucrania es un pretexto para debilitar a la Unión Europea y dar inicio a otros conflictos. Estamos ante un órdago que tiene como objetivo un nuevo orden mundial.

Este repugnante atentado contra la humanidad que acciona un criminal como Vladimir Putin, repito, un fascista que hace de la fuerza y la ausencia de libertad, sus grandes argumentos, debe hacer que nos replanteemos, como Unión Europea más allá del baile monetario, políticas de defensa soberanas y autonomía para desarrollarlas.

¿Qué pasará si Rusia continúa con su política hitleriana de anexión de territorios que considera esenciales para su frontera de seguridad? ¿Dejarán las fuerzas occidentales, como dejaron hace 80 años destrozar España, anexionar Austria y los sudetes? ¿Es Polonia, una vez más, el límite?

Son muchas las dudas que se plantean mientras, incluso, vemos cómo desenfocados -hasta el ridículo- partidos políticos (IU Madrid) convocaban a una manifestación contra la invasión de Ucrania y la ¡¡OTAN!! Así de perdidos andan algunos y algunas.

No es momento de andar con medias tintas. Es momento de defender con todas nuestras fuerzas, la necesidad de un mundo sin guerras, de un mundo en el que no haya vacunados de primera y de segunda, un mundo en el que un muro o una franja no determine el futuro de millones de personas.

Un mundo en el que los Putin, los Trump y los ambiguos ante la atrocidad, no tengan más voz que la de su propia infamia. Un mundo que, si no lo defendemos, estallará por los aires por la omisión de los buenos que, en silencio, se convierten en cómplices.

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